Fuente: Nuria Muñoz para http://blog.schaer.com

Cuando nuestros hijos pequeños son diagnosticados como celiacos y empiezan su dieta sin gluten, son muchos los temores que nos surgen, pero es algo que con mayor o menor rapidez vamos controlando en casa.


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Nuestro hogar se convierte en ese lugar seguro donde no existe ningún riesgo para nuestra dieta, en nuestra zona de confort, nuestro búnker antigluten. Superado esto, el mayor desafío, nuestro mayor temor, es enfrentarnos a las salidas y a su propia vida social. Los niños no forman parte de nosotros, son seres independientes y como tal tienen que aprender a desenvolverse en su propia vida al margen de las personas que les queremos y protegemos.

Sí, los niños tienen una intensa vida social: la que comparten con nosotros en eventos con familiares y amigos (y que podemos controlar más o menos) y la suya propia en los lugares donde no estamos ni podemos acompañarlos o vigilarlos como nos gustaría. Ellos tienen un plus de complicación que es nuestro deben enseñarles a superar.

Cada situación es diferente y muy variable en función de las personas implicadas e incluso el lugar donde se desarrollan, por lo que este post no pretende ser una guía de qué hacer pero sí ofrecer una pequeñas pautas que creo que funcionan a la hora de enseñar a nuestros hijos y su entorno a llevar una correcta dieta sin gluten fuera de casa:

1. Controlar: Lo que nuestro niño celiaco ingiere es una responsabilidad nuestra, sobre todo, cuando es muy pequeño y no es consciente realmente ni de lo que come, ni del alcance de las consecuencias que puede tener un error en su dieta. Tenemos que transmitir a nuestro entorno que no pueden ofrecerle alimentos o chucherías sin nuestra supervisión o si no están completamente seguros de que son libres de gluten y tenemos que enseñarle a él, en cuanto podamos y sepamos que lo entiende, a decir “No” cuando haya dudas.

2. Educar: Nuestros niños celiacos tienen una capacidad de aprendizaje y un sentido de la responsabilidad increíble. En poco tiempo, con nuestra ayuda, sabrán qué alimentos contienen gluten y cuáles no, detectarán la espiga tachada en los envases de alimentos e incluso “leerán” el “Sin gluten” cuando ni siquiera sepan leer.

Recuerdo mi temor cuando mi hija fue diagnosticada y cómo le dije al médico que ella no iba a ser capaz de hacerlo cuando estuviera sola o que no se controlaría en comer cosas que le gustaban antes: “Te sorprenderás de la responsabilidad con la que estos niños asumen su dieta”, me dijo.

El tiempo le dio la razón y todos los niños celiacos que conozco me han demostrado un gran sentido de la responsabilidad desde muy, muy pequeños. Salvo errores, la mayoría de las veces involuntarios, siguen su dieta sin gluten a rajatabla.

3. Integrar: El entorno de un niño no sólo está compuesto por su familia y no es sólo en ella donde tendrá que desenvolverse. Tenemos que prepararle a él para estar lejos de nosotros. En la escuela, profesores, compañeros y padres, también deben saber que el niño es celiaco y conocer la dieta sin gluten, sólo así se podrá conseguir una integración plena en todas las actividades del colegio donde la comida sea protagonista. Nosotros mismos podemos informar y dar opciones para que nuestro niño sea partícipe de cada actividad aportando el alimento que sustituya al que coman otros niños o indicando cual podría ser.

4. Desdramatizar: Cuando de fiestas y cumples se trata, la cosa se complica un poco, pero es algo para lo que tenemos que estar preparados y actuar sin dramas. Es muy fácil autocompadecerse y pensar que “nuestro pobre niño” no va a ser igual en la fiesta, que no comerá tarta o que es posible que ni siquiera se hayan acordado de que tiene que merendar. Y claro que nos duele, como padres, esta poca atención que a veces reciben nuestros niños, pero, por favor, párate a pensar en esto: Cuando tu hijo sale del colegio con la invitación para un cumple. ¿Cómo está? ¿En qué piensa? ¿Piensa en la merienda’ ¿Piensa en la tarta de cumpleaños? ¡¡Nooo!! ¡¡Está feliz!!! Su amiguito le ha invitado a su cumple y él sólo es capaz de pensar en que va a ir a un parque de bolas, al cine o a ver una exposición de dinosaurios. Piensa en que pasará una tarde con sus amigos jugando.

“Me da igual” fue lo que un día mi hija, siendo muy pequeña, me contestó cuando le dije “A lo mejor tú no puedes comer nada allí”. Y esa fue la frase que me abrió los ojos y que nos hizo cambiar de actitud para siempre. Si hay que ir a un sitio, se va. Si se puede ir sin tupper, mejor que mejor; si hay que llevarlo, pues con él, pero si el plan merece la pena, no podemos permitir que nuestros hijos queden marginados por nuestros propios miedos e inseguridades.

5. Resolver: Ofrecerse a ayudar al anfitrión de estos eventos dándole alternativas sin gluten o, incluso a colaborar en la organización de un evento, es una opción que debemos valorar, pero no en todos esos lugares tenemos la confianza para participar, así que, como precaución, para todos esos eventos que no nos ofrecen la garantía y seguridad de una correcta dieta sin gluten y en los que no hemos podido aportar nada, siempre hay que llevar una alternativa. Ese bolso de mamá de niño celiaco en el que no puede faltar una “chuche”, una galleta, una fruta o un bocadillito “por si acaso”. Sabéis de lo que hablo ¿verdad?

No podemos ni debemos permitir que nuestros hijos no aprendan, desde pequeños, que cada acontecimiento donde van es un nuevo reto que, seguro, superarán cada día mejor. La sobreprotección y la compasión hacia ellos o hacia nosotros mismos no les dará las herramientas para enfrentarse a su propia vida. Enseñarlos y acompañarlos en el camino, sí. Sólo así conseguiremos que nuestros hijos sean celiacos felices.


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