Periodista, escritora, experta en vínculos: Valeria Schapira es todo eso y mucho más. Porque ante todo es una persona que se identifica con dos causas que la comprometen: el proteccionismo de los animales y la difusión de la condición celíaca. A partir de su experiencia personal con la enfermedad, Valeria informa, aconseja y defiende los derechos de una vida sin gluten. Nos cuenta todo en esta entrevista.

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FOTO: Christian Beliera

Si no conocés a Valeria como periodista, seguramente te suene por su trabajo con los vínculos y la motivación: algunos de sus libros más exitosos son “Monólogo de una mina sola”, “Tengo 40… ¿y qué?” y el más reciente, “Dolores del alma, un viaje del dolor al buen amor” que va por su segunda edición.

Es referente en vínculos y experta en relaciones del sitio Match.com para América Latina. Pero siempre se hace tiempo y espacio para las causas que la apasionan, como la celiaquía: por eso encontró un momento para conversar con Modo Gluten Free, desde su casa, donde enseguida nos sacan una sonrisa los retratos de su hermosa perrita Joy que cubren las paredes.

¡Qué lindo es Joy! Sabemos que es una protagonista de tu vida…

Yo me hice proteccionista en función de Joy. Tuve mascotas familiares cuando era chica, pero a Joy lo compré hace nueve años simplemente porque quería comprar un perro. Y siempre digo que Joy vino “fallado de fábrica”, en chiste claro, porque tenía displasia de cadera y me dijeron que nunca iba a caminar. Era un momento mío horrible, acababa de llegar acá. Fue un momento horrible para los dos. A partir de su caso y de la ayuda que conseguí me metí en el mundo del proteccionismo de los animales. Entendí que son seres sintientes y no una mercancía que se compra y se vende, bueno como había hecho yo con Joy.
Me comprometo y ayudo desde la parte de la difusión: trabajo contra los galgueros, en ayudar con la promoción de los refugios. Lo mío es la comunicación y lo pongo en juego. Admiro a las proteccionistas que están en la trinchera y les sacan garrapatas a los perros de la calle, los rescatan, son admirables. Pero no tengo las herramientas, y soy bastante miedosa… lo mío es comunicar. Como con la celiaquía. Uno se comprometa con lo que le toca, no?

Contanos acerca de eso, ¿cuándo te enteraste de que sos celíaca, y cómo fue?

Yo me enteré de la celiaquía hace diez años más o menos después de un infierno literal. Peregriné por todos los hematólogos de Rosario (mi ciudad natal), pero no me diagnosticaban bien. Tuve de todo: anemias crónicas, yo creo que desde los veintipico que tengo síntomas como manos que se me cortan, caída de cabello, vivía tumbándome en la cama y pasando por todos los médicos habidos y por haber, que me trataban de estresada o deprimida. Pero lo que tenía era celiaquía, con una sintomatología que me estaba arruinando la vida.
Cuando me vine acá a Buenos Aires, ese cambio generó un stress enorme que intensificó los síntomas, tuve boqueras, muchos problemas. Ahí di con una médica muy buena que se tomó el tiempo para preguntarme todo lo que me pasaba, una hora o más de charla intensa. Atendió a todo mi relato y me mandó a hacer el estudio. La biopsia lo confirmó: no estaba deprimida, era celíaca y necesitaba un tratamiento afín.

“Yo me enteré de la celiaquía hace diez años más o menos después de un infierno literal. Peregriné por todos los hematólogos de Rosario (mi ciudad natal), pero no me diagnosticaban bien.”

¿Cómo lo manejaste entonces? ¿Fue difícil adaptarte a una vida sin gluten?

Cuando me diagnosticaron y me explicaron las limitaciones que enfrentaba, me cayó de golpe. Al día siguiente fui al supermercado y me puse a llorar porque no sabía qué comprar. Ha cambiado mucho todo desde entonces. Salvo durante los viajes, que son todo un tema, aprendí cómo comer bien en casa, siendo además vegetariana que acrecienta el desafío.

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FOTO: Christian Beliera


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¿Aprendiste vos misma cómo comer?

Sigo como una autodidacta en todo. Tengo un gran pendiente en mi vida que es combatir esta anemia, pero me falta algo más de entrenamiento por mi parte. Me pongo las pilas cuando caigo, como nos pasa a todos, pero siento que me falta un poco más de trabajo ahí. Estoy en un proceso de transición, leyendo mucho sobre alimentación consciente.

¿Cómo ves a la enfermedad celíaca en el contexto social de la ciudad, en este momento de tanto cambio y tanta información?

En las charlas de la Expo celíaca, por ejemplo, que ya van cuatro años donde los acompaño, yo voy a compartir con las personas las vivencias de mi experiencia personal, y veo que hay mucha necesidad de hablar, de contar lo que nos pasa, hay mucha necesidad de abrir y compartir.
Sin ánimo de comparar, el caso del celíaco no es tan distinto del que tiene psoriasis o una discapacidad motriz, cualquier cosa que te hace diferente. Estamos en una sociedad muy intolerante con el diferente.

¿Cómo aprendiste a lidiar con la intolerancia, qué aconsejás al que la sufre?

La celiaquía viene, justamente, a hablarnos en general de una intolerancia que nosotros tenemos, no es casual que se desate esa condición. En mi libro Dolores del Alma escribí un poco al respecto. Siempre fui una persona poco impaciente y poco afecta a esperar los tiempos del otro, a enfrentar lo que no puedo cambiar sin sacarme.
La celiaquía me lleva a reencontrarme con ese costado, a aceptar que hay cosas que no puedo comer, que a veces tengo que esperar. Aprender a morderme la lengua cuando otro no me puede entender. Es una condición que nos invita a hacer docencia con la sociedad. Es increíble que lo que tu cuerpo experimenta te enseñe a practicar la tolerancia, para que la sociedad a su vez sea tolerante con vos. A veces no hace falta pelearse con la gente. La docencia es una mejor manera de conectarse con la gente.
Los ejemplos los vivimos todos. Desde la persona que te invita a su casa y te dice “ay, me olvidé de tu comida”, y vos le tenés que explicar amorosamente que no puede olvidarse, por dar un caso. Yo me he llegado a un restaurante de Las Cañitas con un tupper y me puse a comer, porque se negaban a hacerme un simple huevo duro.

“Es una condición que nos invita a hacer docencia con la sociedad. Es increíble que lo que tu cuerpo experimenta te enseñe a practicar la tolerancia, para que la sociedad a su vez sea tolerante con vos.”

La intolerancia entonces es algo para trabajar en la sociedad, y en el celíaco.

Yo me proclamo como una persona que ha sido absolutamente intolerante y estoy en estado de aprendizaje permanente. El cuerpo dice lo que uno no puede decir en palabras. La celiaquía me enseñó un montón, la anemia también. Louise Hay dice que la anemia es el sentimiento de no valer lo suficiente. Leo mucho y trato de ver qué es lo que puedo trabajar. Pienso que uno aprende de su propio déficit y es lo que estoy haciendo.
Ojo, una aclaración fundamental. Pienso que no es tan terrible la celiaquía pero claro que hace falta dinero para sostenerlo y la cosa cambia mucho si uno vive en una gran ciudad, no es lo mismo si vivís en una localidad del sur o en el campo. En Buenos Aires somos muy privilegiados. Pero si contrastamos lo que nos pasa con lo que le pasa a alguien que no ve, o que tiene que andar de silla de ruedas, llevar un tupper no es una cosa tan dramática.

¿Qué le dirías a alguien con su diagnóstico reciente y que no sabe por dónde empezar, cómo organizarse?

La respuesta está en tu pregunta: organización. ¡Todos corremos! Recién por ejemplo, antes de empezar a charlar con vos, tenía diez minutos. Me puse a hacer una sopa en la máquina de sopa. Hay que buscar aliados, en la cocina y en la vida. Si tenés condiciones económicas, como decías antes, lamentablemente no puedo suplir eso yo con consejos, lo sé. Pero para un celiaco de una familia tipo hay una organización básica que ayuda mucho. La máquina de pan para familia con hijo, un freezer, son herramientas esenciales.
También voy aprendiendo mucho de la gente. Yo por ejemplo tengo clara la problemática de los viajes de negocios, y cómo manejarse de viaje porque me toca, pero no conozco tanto la de las mamás. El otro día escuchaba cómo una mamá le explicaba a otra que había hecho las viandas dia por dia rotuladas en ziploc para un campamento de su hijo. Le había enseñado al coordinador todo y mandado la ollita, una genia. Te enfrentás con la que te toca.
En los viajes es la misma. Yo soy una viajera, por mi laburo en Match.com, voy seguido a Chile, a México, por el interior del país viajo por mis charlas también. Ahora me fui a Turquía de viaje con mi mejor amiga y fue cómico: nos llevamos las dos una valija de galletas de arroz y de snacks porque no sabía qué me iba a encontrar allá, y preferí ir prevenida. En México por ejemplo pasé muy malos momentos al no estar preparada. Recomiendo muchísimo las Celiac cards: en celiactravel.com aparecen idioma por idioma, son una cartilla que presentás y explica todo en el idioma local. Es un hallazgo. Aprendí muchas cosas de mis propios errores y también cosecho info de las charlas con otros celíacos. Explorando mucho y compartiendo en foros y en charlas aprendés a desdramatizar.

¿Qué más hace sentís que hace falta para mejorar la calidad de vida del celíaco y su familia?

La comunicación es esencial. La gente está tan agradecida, yo no estoy diciendo nada especial, pero es una pata fundamental y por eso me lo agradecen. Creo que un compromiso político más fuerte tendría que haber y si se quiere empresarial para bajar los precios de los alimentos aptos, desmedidamente caros. El trigo sarraceno por ejemplo, nadie sabe que no es trigo, la gente escucha trigo y lo olvida para el celíaco y es libre de gluten.
En el mundo, no solo en Argentina eh. Estamos mejor que en muchos otros países. Chile, Uruguay, Estados Unidos, Inglaterra y Francia son de los países que mejor están en rótulos, conocimiento, y en cuanto a difusión, y Argentina no está lejos de esos estándares.
También estaría faltando el compromiso de los grandes medios, no? Hoy que tenemos internet, canales de difusión alternativos, los tenemos que capitalizar. La red social, los blogs, Facebook, son espacios super positivos para la difusión, para la detección. Una mujer me contaba el otro día que había estado en coma. No le detectaban la intolerancia y casi se muere. Hay circunstancias muy duras. He visto también a la mamá de un nenito celíaco llorando: “En casa comemos fideos, ahora qué hago”. El precio de un fideo para celíacos es del triple o cuátriple y ella no tenía recursos.
Habría que ver qué está haciendo la industria alimentaria, porque celíacos hubo siempre y probablemente mi abuela lo era y ni sabía, pero qué está haciendo la industria, desde los granos y demás, cómo se manejan. Yo me doy cuenta de que soy muy privilegiada, soy periodista, tengo recursos, tengo información.

“Habría que ver qué está haciendo la industria alimentaria, porque celíacos hubo siempre y probablemente mi abuela lo era y ni sabía, pero qué está haciendo la industria, desde los granos y demás, cómo se manejan.”

Cómo te manejás para saber elegir otros productos como medicamentos, cosméticos…?

Hoy soy asociada a la Asociación Celíaca pero empecé con ACELA. Cuando me diagnosticaron me mandaron al hospital Gutiérrez a buscar la cartilla de ACELA, un librito de la asociación que recomiendo tener en la cartera. Incluye no sólo alimentos sino también medicamentos, porque los medicamentos también tienen gluten y la gente no lo sabe.
Combino el formarme a mí misma con divulgar lo mejor que puedo. Se trata de hacer docencia, explicar, enseñar. En mi invitación a la charla de Expo celíaca el mes pasado decía un poco en broma: todos tenemos un amigo celíaco. Eso queremos, incluir al que es celíaco y a su círculo, porque comprometerse es también un acto de amor al otro.
Yo tengo amigas que para los cumpleaños van a las casas especializadas, me traen algo individual, todos aprendemos. Si lo tomamos como una oportunidad, no es algo negativo: es una oportunidad para crecer entre todos.

Muchas Gracias Valeria!

Podés seguir a Valeria en Facebook: valeriaschapira o en twitter:

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De Yapa, le consultamos a Valeria por una de sus recetas favoritas y nos compartio su receta de Ñoquis Sin Gluten

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Ingredientes de los Ñoquis de Papa Sin Gluten

• 500 Gramos · Papas hervidas.
• Cantidad necesaria · Sal.
• 1 Cda · Aceite de maíz.
• 30 Gramos (aprox) · Manteca.
• 100 Gramos · Queso blanco.
• 1 Huevo.
• 500 Gramos (aprox) · Almidón de Maíz.

Preparación de los Ñoquis de Papa Sin Gluten

• Hacer un puré con las papas calientes, agregar sal y aceite, la manteca y el queso blanco.
• Mezclar e incorporar el huevo. Mantener la preparación calentita. Agregar la mitad del Almidón de Maíz, mezclar y dejar reposar para que
absorba la mezcla y empiece a enfriar, al empezar a enfriar va a ir tomando un poco más de consistencia.
• Agregar el resto del Almidón de Maíz de a poco y continuar amasando. Cortar en porciones, formar rollitos y cortar los ñoquis. Herví en
abundante agua con sal.
• Cuando suben a la superficie dejar hervir un momentito, escurrirlos y pasarlos a una fuente con manteca cortada en trocitos, luego
servirlos con tuco, crema, queso, etc.
• Si sobran para el día siguiente, rociar con manteca derretida y gratinarlos en horno caliente para que se doren.

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Entrevista: Natalia Kiako para Modo Gluten Free

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Redacción MGF

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Notas seleccionadas por el equipo de redacción de Modo Gluten Free.
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